jueves, 31 de octubre de 2013

El gran asalto a la nave rebaño (IV)


El agua mineral r’alla borboteaba mientras Kels la vertía en el vaso del veubg. Lo llenó demasiado, y el sobrante cayó sobre el mantel blanco, formando una creciente mancha oscura. El veubg pareció no darse cuenta. Kels regresó al círculo de carros, con su pesada jarra de cerámica húmeda por temblorosas gotas de condensación.
Las cosas se habían tranquilizado un poco desde que había comenzado la cena. La mayoría de los invitados estaban colocados alrededor de la pesada mesa de madera, y el sustancioso estofado de mugruebe comenzaba a compensar los efectos de la embriaguez. Ritinki y Vop habían hecho su aparición, desde lados opuestos del patio, inmediatamente después de que el resto se hubo sentado. Ocuparon los tronos vacíos en la cabecera de la mesa, con sus guardaespaldas personales de pie a su lado, y lanzándose mutuamente miradas suspicaces.
Kels abrió la espita y sostuvo la jarra debajo para atrapar el frío torrente del burbujeante licor mineral. El grifo era más lento de lo que le hubiera gustado, y echó una mirada a la mesa. Vop, meneando su hocico verde, estaba hablando fervientemente a su rival, que no mostraba ningún interés. Ritinki aparentaba estar ocupado en cepillarse pelusas sueltas de su corbata amarilla. El bimm era de estatura tan reducida que sus pies colgaban bastante lejos del suelo. Ninguno de los dos había tocado su comida.
También había advertido que no había ni rastro del contable ciborg. El hombre era el agente duplicado de Ritinki, pero de cara a mantener su tapadera, ya debería haber aparecido en el entorno de Vop.
Kels comprobó el nivel del agua en su recipiente –aún no estaba lleno del todo- cuando otro camarero se colocó tras ella. Volvió la cabeza. Era uno de los humanoides de piel dorada con los que se habían topado en la lanzadera: hombros encorvados, ligeramente panzudo, rodillas débiles y ojos abatidos que no se atrevían a mirarla a la cara. Él y su gemelo habían estado realizando obsequiosas y serviles reverencias desde que llegaron los primeros invitados. Su compañero, el bigotudo pequeñajo y egocéntrico con el que se había enfrentado antes, estaba revoloteando de un asiento al siguiente como una descerebrada polilla lunar bailando sobre una vara luminosa. Claramente se encontraba en su elemento.
La fresca y burbujeante agua finalmente llegó al borde. Cerró el grifo con su mano abierta, y se volvió hacia la mesa.
-Todo tuyo, chico dorado.
El alienígena inclinó la cabeza y miró fijamente al suelo.
-‘Chas gracias, ‘chas gracias –susurró en un suspiro contenido. La boja de Kels dibujó una mueca de desdén. Odiaba mezclarse con snobs y sumisos. Cuanto antes terminasen con esa farsa, mejor.
Sobre su cabeza, la cúpula ofrecía una espectacular vista de las constelaciones locales, incontables estrellas orbitadas por mundos cuyos habitantes seguramente lo estaban pasando mejor que ella. Kels se sujetó el cuello, tratando en vano de reprimir un persistente picor causado por el rígido cuello de su uniforme, y continuó llenando los vasos de agua donde lo había dejado. La monotonía le estaba matando. Más valía que sucediera algo pronto.

***

El resplandor actínico de la punta del cortador de fusión brilló con más fuerza cuando el metal comenzó a sobrecalentarse y vaporizarse. Dawson levantó su zarpa izquierda y tocó el costado de su aumentador ocular, oscureciendo simultáneamente ambas lentes e incrementando el aumento en un doscientos por cien.
La herramienta de corte trazó una ardiente línea blanca en el costado del mamparo. Dawson hizo una pausa, y luego continuó la incisión a partir de ahí en un ángulo perpendicular. El sudor brillaba en su nariz negra. Con mano firme, continuó en otros dos giros de noventa grados, apagando el cortador de fusión cuando regresó al punto de partida.
Ya está, pensó. Ha costado más de lo que esperábamos, pero lo hemos logrado. Fijó un asa magnética en el centro del cuadrado, que brillaba con un  color rojo mate conforme el metal cortado se iba enfriando. Justo aquí, pensó mientras posaba su zarpa en el asa y la agarraba con fuerza, justo detrás de este mamparo está la cámara donde guardan la caja fuerte. Con un tirón y un gruñido, el cuadrado de metal se desgajó de la pared. Detrás había más monótona aleación gris; el exterior de la cámara. Dawson rebuscó en el interior de su zurrón.
Miró a su compañera. Sonax estaba inmóvil pegada a un extremo del pasadizo, con los brazos cruzados y el cuerpo doblado en un ángulo tan pronunciado que su cabeza casi tocaba el suelo. Él conocía el estado de trance que significaba que estaba profundamente sumida en un ciber-enlace, buscando cualquier posible alarma silenciosa que pudieran haber activado sin darse cuenta, pero igualmente tuvo que reprimir un escalofrío involuntario. Parecía estar muerta.
La masilla marrón tenía un tacto húmedo y blando en la palma de su mano. Desgajó cuatro pequeños pedazos, los amasó formando bolas, y las presionó sólidamente contra la cámara en las cuatro esquinas marcadas por el agujero cuadrangular. En cada bolita, insertaría una diminuta cantidad de nergon-14.
Y entonces, pensó con placer, veremos de qué está hecha realmente esta cámara.

***

Problemas. Eso es lo que Noone pensaba que significaba la continuada ausencia del contable. Esperaba que el hombre hubiera aparecido como parte del cortejo de Vop, y se excusase al final de la cena para recoger la caja por la que Vop había pagado previamente. Al menos eso era lo que Guttu les había dicho que esperasen. Noone ya tenía que haber aprendido que nada va nunca de acuerdo al plan.
Noone volvió a examinar las caras alienígenas sentadas alrededor de la mesa. Nada. Apretó los dientes. Tal vez Vop había descubierto que su consejero de confianza era ahora un traicionero doble, y había hecho ejecutar al hombre. A Noone no le importaba ni mucho ni poco el destino del contable, pero tal acción significaría que era probable que Vop hubiera hecho otros arreglos para asegurarse su premio. Puede que la caja se hubiera movido a otra cámara, o transferida a un almacén más protegido para recogerla en otra ocasión.
A Guttu no le gustaba el fracaso. Noone se imaginó varios escenarios muy reales en los que era arrastrado a las profundas entrañas de Nar Shaddaa y arrojado a un pozo de vrblthers hambrientos. En todos ellos, su sufrimiento no duraba más de diez segundos... lo que resultaba el único punto positivo que las visiones de su futuro le ofrecían en ese momento.
Se sacudió ese pensamiento de la mente. No tenía sentido ponerse pesimista. Había decenas de razones probables para que el contable no apareciera, y ninguna de ellas tenía nada que ver con un intento de robo frustrado. Sin embargo, estaba comenzando a preocuparse por la seguridad de su equipo.
En teoría, Noone podía contactar con Sonax y Dawson cuando quisiera. Enganchado en el interior de su cuello almidonado, justo detrás de la estilizada doble Esk del logo de Estimables Epicúreos, tenía un comunicador de estilo militar. El artilugio había sido obtenido de una mochila de campo de la Alianza Rebelde que Dawson había conseguido en el mercado negro, y supuestamente podía atravesar cualquier campo de interferencia. Estaba configurado para transmitir directamente a la banda craneal de Sonax, y ella podía responder en la misma frecuencia. Antes de empezar, habían acordado no usarlo salvo que fuera absolutamente necesario; no había forma de saber si la señal sería detectada por los sensores internos de la Canción.
Kels llegó a su lado, sosteniendo en cada mano una decorada bandeja de pechuga de crupa a la parrilla.
-A la izquierda –susurró ella-. Veinte metros.
Él giró la cabeza en la dirección indicada. Allí, saliendo de la protección de la línea de árboles que rodeaba las decorativas terrazas del jardín, estaba el contable.
Era un humano poco llamativo, de mediana edad, de estatura y peso medios. Los extremos plateados de su interfaz cibernética eran claramente visibles a ambos lados de su cabeza calva. Noone lanzó una mirada escrutadora, pero no pudo ver ninguna señal de que la imagen fuese un holo-disfraz proyectado. Eso no significaba nada, por supuesto; sólo los trabajos chapuceros más baratos dejaban una delatora zona borrosa, y obviamente Ritinki tenía créditos a espuertas. Sus instintos le decían que probablemente fuera una carísima alteración quirúrgica. Al no haber conocido nunca al contable original, tenía que suponer que aquello era una copia perfecta.
El hombre avanzó con confianza, deteniéndose junto a la silla de Vop y permaneciendo en posición de firmes, con ambas manos unidas a la espalda. El rodiano giró su hocico para mirar a su empleado con sus ojos bulbosos e inexpresivos. Sus antenas se inclinaron en una suerte de saludo despreocupado, y luego se volvió de nuevo hacia Ritinki y continuó su insulsa conversación. Noone no era un experto en el lenguaje corporal rodiano, pero a menos que Vop fuera un actor excepcionalmente bueno, había sido engañado totalmente por el duplicado.
Algunos de los invitados más glotones se reclinaron en sus asientos, empujando hacia delante platos llenos de montones de huesos de crupa mondos y lirondos. Otros camareros avanzaron para retirarlos. Noone calculaba que el contable se marcharía pronto. Esperaba que Dawson y Sonax estuvieran trabajando rápido.

***

-Tres... dos... uno...
Sonax entrecerró los ojos.
El sonido fue como el de un disparo bláster amortiguado. Hizo menos ruido del que Sonax había esperado, pero había bastante más humo. Dawson se introdujo en la acre neblina y desapareció por la esquina. Sonax comenzó a seguirle.
Las cargas de nergon habían abierto un agujero dentado en el costado de la cámara. Rezaba por que el tynnan no hubiera cometido un doloroso error de cálculo y hubiera destruido también el contenido de la cámara.
Sólo los cuartos traseros de Dawson eran visibles en el pasillo. Había introducido el torso en el hueco ennegrecido y agitaba enloquecidamente los brazos, mientras se inclinaba y se retorcía. Sonax tosió incómoda y esperó.
Después de un largo y angustioso instante, Dawson extrajo lentamente la cabeza. Se hundió en el suelo del pasadizo, parpadeando y mirándola con aire estúpido.
-Está vacía.

***

Noone estaba a punto de reunirse con los recogedores de platos cuando vio que la cabeza del contable giraba ligeramente. Noone siguió su mirada: el hombre estaba mirando directamente a Ritinki. El bimm alzó la cabeza, y sus miradas se cruzaron por un instante. El humano hizo una casi imperceptible inclinación de cabeza, y Ritinki respondió con una disimulada oscilación de la suya. La conversación clandestina duró una fracción de segundo.
La sangre de Noone se heló en sus venas. Se enorgullecía de su habilidad de leer gestos sutiles, tics nerviosos y señales ocultas. Era una señal que había demostrado ser de incalculable valor en innumerables partidas de sabacc con grandes apuestas. Y se apostaría el Borgove a que esa pequeña conversación había significado sólo una cosa: Misión Cumplida.
Presionó dos dedos contra el cuello de su uniforme, activando el comunicador oculto.
-Sonax –murmuró a media voz.
Kels vio el movimiento, y se acercó.
-¿Qué estás haciendo? –susurró.
-Hemos llegado demasiado tarde –respondió-. El contable ya no va a abandonar la cena después de todo: ya ha estado allí y ha vuelto. En estos momentos, esa caja fuerte estará almacenada a salvo a bordo de la nave personal de Ritinki. –Frunció el ceño con fuerza-. Se acabó. –Bajando la cabeza, volvió a murmurar al comunicador-. ¿Sonax?
Su respuesta fue un abrupto estallido de crepitante estática. Tras un instante de un murmullo sin sentido, la señal se ajustó a la frecuencia correcta.
-...oon... al hab... ...onax. Adelante.
-Retirada. La caja no está ahí.
-Lo sabemos. Estamos ahora en la cámara.
-Volved al carrito –ordenó-. La caja está ahora fuera de nuestro alcance. Guttu tendrá que aceptar eso.
Hubo una pausa.
-Noone, Dawssson dice que la caja probablemente esssté en la nave del bimm. Sssi esss asssí, yo tengo losss regissstrosss de llegada de la nave rebaño y sssé dónde essstá atracada...
-¡No, maldita sea! No podéis abordarla. No tenemos un plan, y no tenemos tiempo. Volved a...
-Pero Guttu...
-¡Al diablo Guttu! No voy a arriesgaros a vosotros dos en una persecución suicida de una caja. Ahora volved antes de que...
El grito de una respuesta airada le interrumpió. Disgustado, apagó el comunicador.
-¿Crees que se retirarán? –preguntó Kels.
El la miró fijamente.
-Por supuesto que lo harán. Incluso yo pienso que Dawson y Sonax son un poco extraños a veces. Pero ninguno de ellos es estúpido.

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