miércoles, 18 de septiembre de 2013

Operaciones Especiales: Secuestradores de naves (I)

Operaciones Especiales: Secuestradores de naves
John Beyer y Kathy Burdette

Ya era casi el amanecer, y la actividad en el puerto estelar parecía comenzar a relajarse. Haathi estaba sentada en una de las torres de mantenimiento con sus pies sobre el alfeizar de la ventana, supervisando el asfalto con un par de maltrechos macrobinoculares. Se suponía que no debía estar allí.
Tampoco debería estar allí el nuevo médico, que la estaba poniendo nerviosa, y no en el sentido divertido y excitante, precisamente.
-Disculpe, comandante... ¿Comandante? –estaba diciendo él, tirándole de la manga del mono.
La atención de Haathi permaneció fija en la escena de abajo: droides mensajeros y carros de equipaje automatizados luchaban por abrirse paso entre ellos, picajosos y cascarrabias tras una larga noche de trabajo. Por todas partes se escuchaban las toses y los chisporroteos de los transportes repostando, tratando de conseguir suficiente combustible para aguantar otro día más. Bajo las torres de guardia los tipos de seguridad se movían nerviosos, Ya que su turno estaba a punto de acabar y su relevo llegaría pronto.
Ese último factor era algo con lo que Haathi contaba. Esto era Zelos II, donde la mayor parte de la población estaba compuesta por humanoides a los que por una u otra razón la noche les aterraba. Los guardias estaban más interesados en apiñarse entre ellos y mirar por encima de sus hombros que en preocuparse de gente que podría, digamos, estar a punto de romper la ley.
Ahora Haathi necesitaba ubicar al resto de su equipo de Operaciones Especiales. Miró a la torre de iluminación más cercana; Morgan estaba colgada de la pasarela mediante una estrecha correa, con sus largos brazos metidos hasta los codos en un panel de acceso. Según el horario previsto.
Haathi posó los macrobinoculares en su regazo un instante y miró al YT-1300 estacionado en una bahía de atraque de alta seguridad justo enfrente. Tras ella se oía unos chasquidos constantes; era el sonido de Jayme desconectando clavijas de datos e intercambiando placas de circuitos en la subestación de seguridad. Estaba reorganizando completamente los ordenadores de respaldo de seguridad para que hicieran la voluntad del equipo, cortesía de un juego de los planos de las reformas del puerto estelar. Según el horario previsto.
-¡Hey, comandante! ¡Comandaaante!
Entonces se volvió.
-¿Qué pasa, Nord? ¿Qué? ¿Quéee?
-Hay un asunto que me gustaría tratar ahora –dijo Nord, jugueteando con uno de los guantes de su uniforme de técnico robado.
-¿Es importante? Necesito que mantengas un ojo en la patrullas de seguridad. Si ven a Morgan, todo esto habrá sido por nada.
-Sólo quiero hacerle una pregunta.
-¿Y bien?
-¿Por qué estamos haciendo esto?
Lo dijo con pasión, como si prefiriera dedicar la mañana a comer insectos de fuego vivos que a hacer lo que Haathi tenía en mente. Haathi suspiró. Le habían asegurado que el tipo nuevo había estado en varias misiones de campo antes de ser asignado a su equipo, pero su cabello y sus uñas –toda su actitud- le decía lo contrario. ¿Tan desesperada estaba la Rebelión por conseguir agentes de campo?
-Hemos tenido tres días en el hiperespacio para hablar de esto, Nord –dijo, ayudándole a ponerse el guante-. ¿Quieres que te lo diga por billonésima vez? –Se inclinó sobre él y le habló lenta y suavemente al oído-. La Rebelión necesita naves. Nosotros robamos la nave. La llevamos a casa, a la base.
Él se ruborizó y retrocedió un paso.
-Ya lo sé –exclamó-. Quiero decir, ¿por qué esa nave en particular? –Señaló a la que tenían justo enfrente.
-El YT-1300 es un clásico –le dijo-. Si tuvieras algo de estilo, Nord, ya lo sabrías.
-No, me refería...
-Y además es práctico, Nord. Pareces un tipo práctico. ¿No crees que podría venirnos bien en Derricon? –Haathi barrió la ventana con su mano libre-. Imagina lo genial que quedaría en el hangar junto al transporte de tropas.
-No, me refiero a por qué este YT-1300 en particular. Hay docenas de ellos por ahí... ¡hey, mira, hay dos justo allí!
Haathi entornó los ojos.
-¿Qué tienen de bueno esos?
-No están situados justo debajo de la torre de guardia.
-Me abu-rro –dijo Haathi.
Nord emitió un extraño gruñido agudo; Haathi sospechaba que su voz había quedado atrapada entre obedecer a su oficial al mando y gritar pidiendo ayuda.
Después de un momento, dijo:
-De acuerdo. Vale. Sólo quiero que sepa que creo que esto es una mala idea.
-¿En serio?
-¿Usted no?
-No –dijo Haathi-. Yo que esto es una mala idea.
-¿Entonces por qué no nos retiramos antes de que alguien haga algo y, eh... alguien salga, ya sabe, herido?
-Es demasiado tarde para eso –dijo Haathi con tristeza-. Me ha llamado.
Nord miró a su alrededor, por encima de su hombro, hacia los cientos de naves y miles de pasajeros que caminaban entre ellas en el hangar, hacia el cielo y luego volvió a mirar a Haathi.
-¿Quién te ha llamado? ¿El “Destino”?
-Ella –dijo Haathi-. La nave.
Nord puso los ojos en blanco.
-Decía: “¡T’Charek! ¡T’Charek! ¡Sálvame de esos feos cabezas de nerf del mercado negro! Necesito un piloto de verdad en mi interior. Necesito un recableado completo.”
De pronto Haathi tomó a Nord por los hombros.
-¿Qué se suponía que debía decirle? ¿“No, lo siento, Nave, pero mi nuevo técnico médico piensa que debería llevarme ese montón de chatarra de tu izquierda porque nadie lo está vigilando y no tiene cableada ninguna alarma de seguridad”? ¿Eso es lo que debería decirle a esa nave? ¡Mírala!
Nord no miró a la nave. Su expresión era la de un ahogado al arrojarlo de un AT-AT y siguió mirando a Haathi, que se pegó mentalmente un golpe en la mano. Es el tipo nuevo. Sé buena. Sé buena. Demos al Mando Rebelde el beneficio de la duda.
Haathi sacudió suavemente el polvo de los hombros de Nord, donde los había agarrado.
-Nord, escucha. No te preocupes por las otras naves. ¿Por qué no vigilas las patrullas de seguridad y me avisas cuando cambien de turno, y yo me preocuparé por las cosas de Haathi?
Nord la miró detenidamente.
-Define “cosas de Haathi”.
-Todo lo demás.
-Eso es lo que me preocupa –susurró Nord.

***

Morgan, el miembro más joven del equipo, supuso que pasaba razonablemente inadvertida mientras actuase con aire casual. Ciertamente, ahora que el puerto estelar había sido mejorado, se daba por supuesto que habría cámaras instaladas en cada poste, observando cada orificio, pero estas buscaban cosas que llamasen la atención. Nadie que aparentemente estuviera realizando un trabajo de reparación bajo una pasarela haría sonar una alarma de seguridad. De hecho, pensaba Morgan, en ese lugar cualquiera que aparentemente estuviera realizando un trabajo de reparación merecía una medalla. Sin embargo, la idea era evitar atraer la atención; aquellos que miraban hacia ella recibían en respuesta un torpe saludo, y se marchaban farfullando acerca de por qué ya nadie se molestaba a filtrar a los bichos raros durante el proceso de contratación.
-Morg –dijo la voz de Haathi por el auricular.
-Sí, capi.
-Comandante. Es comandante. Hace tres meses que soy comandante.
-Lo siento, T’Charek.
-Explícame qué estás haciendo ahora.
-Estoy cortando este cable de aquí.
-Puedo verte, idiota. ¿Qué aspecto tiene el cable?
-Oh. Es bonito. Verde brillante.
Haathi suspiró.
-Me refiero que a qué está unido.
-Verde brillante es el color que enlaza con el repetidor de vídeo del monitor de seguridad. ¿Está parpadeando el monitor de seguridad?
Hubo una pausa.
-Sí... sí, claro, tú no puedes verlo.
-Bueno, ahora uno el cable verde con el cable naranja de mi tableta de datos. En un segundo los monitores deberían estar mostrando nuestro programa. –Morgan unió los dos cables limpiamente usando su hidrollave.
-¡Sí, lo conseguiste! ¡Es genial! –dijo Haathi.
-Dime qué ves –dijo Morgan.
-La zona alrededor del YT-1300.
-¿Podrías distinguir que es una imagen generada por ordenador?
-No. En absoluto. Has hecho un gran trabajo.
Ya estaba; podían hacer estallar la nave si quisieran, y los monitores seguirían mostrando un YT-1300 completamente intacto.
-Bueno, Morg, ¿me oyes? Necesito que...
-¡Espera un momento! –dijo Morgan.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-¡Observa un poco más la pantalla!
Hubo una pausa.
-No estoy viendo nada diferente –dijo Haathi.
Morgan soltó un suspiro de exasperación. Haathi era inteligente, pero siempre miraba la imagen global en lugar de los pequeños detalles importantes.
-¡Las sombras, T’Charek, las sombras! Observa... conforme pasa el tiempo, ¡se mueven!
-¿Ah? Vaya, eso es muy...
-Dura todo el ciclo de 20 horas... si te quedases mirando el tiempo suficiente, ¡podrías ver la escena nocturna! ¡Incluso he puesto algún mynock perdido friéndose en el cubo del campo de fuerza externo!
-Ah... Sólo necesitábamos 20 minutos, Morgan...
-Y también hay un momento en el que...
-Es genial, Morgan, en serio. Genial –dijo Haathi.
-¿De verdad?
-Sí. Ahora escucha. Tienes tres minutos, contando desde ahora.
Morgan se quitó el crono de su muñeca y lo lanzó suavemente hacia la puerta del panel de control. El crono de quedó pegado con un amortiguado sonido metálico. Luego Morgan volvió a ponerse manos a la obra. Esta era la parte fácil. Preparó el siguiente accesorio, un tubo de metal de aproximadamente el doble del tamaño de un comunicador de mano estándar, con una pequeña clavija flexible a cada lado. Morgan conectó un extremo de ese dispositivo al enlace de datos; el otro extremo lo conectó a una toma de potencia. Una vez se aseguró de que el dispositivo estaba bien sujeto, Dejó que se cargara, y pasó el tiempo restante bebiendo un burbuglub fresco de su caja de herramientas.
-Morgan. Jayme está listo.
-Recibido –dijo Morgan. Recuperó su crono, y trepó de vuelta a la pasarela. Luego sacó una pequeña caja negra de su cinturón multiusos y la sostuvo en la palma de la mano, levantando el pulgar.
Ahora todo lo que podía hacer era esperar que Jayme no muriera.

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