martes, 24 de septiembre de 2013

La ocupación de Rhamalai (III)


Su cronómetro de fabricación imperial mostraba las 7:45 cuando Nadra se aproximó a la puerta principal con Cuatrobé tras ella.
-Eh, tú –le gritó uno de los dos guardias-. ¿Qué estás haciendo con ese droide?
Unas gotas de sudor se formaron en su frente.
-Deben de estar atrasados en su calendario de mantenimiento de droides –dijo con confianza forzada-. Obviamente este ha desarrollado un fallo en su programación. Lo encontré vagando por la ciudad cuando venía hacia aquí. ¿Quiere que lo lleve a mantenimiento?
Nadra contuvo el aliento mientras el guardia examinaba el droide. Esperó que las marcas imperiales fueran auténticas.
-Hmm. Tiene un perno de contención estándar. No tengo ningún informe de un droide perdido, pero desde luego es uno de los nuestros. –Sonrió a Nadra-. A menos que hayas estado escondiendo aquí durante años un droide imperial –dijo riéndose. Escaneó perezosamente a Nadra con un detector de armas portátil.
Nadra sonrió con seriedad.
-Sólo indíquenme cómo llegar a mantenimiento –dijo cuando el guardia le indicó que cruzara la puerta.
-Pasillo A, nivel tres. –La despidió con un gesto de la mano. Conforme avanzaba, Nadra pudo escuchar cómo se quejaba a su compañero-. Si los sensores de seguridad estuvieran activados, no perderíamos droides descarriados de esta manera.
Conforme Nadra entraba en la base indico a Cuatrobé que la siguiera a su lado. Examinó el pasillo. Hasta ahora, todo despejado.
-Muy bien, hagámoslo –susurró. Desde la parte superior de la cabeza en forma de cúpula del droide surgió una pequeña tarjeta de datos. Nadra la ocultó en su manga-. Dame cinco minutos y luego ven a mi estación de trabajo. ¿Recuerdas las coordenadas?
El silbido de respuesta de Cuatrobé sonó molesto.
-De acuerdo, lo siento –se disculpó Nadra-. No estoy acostumbrada a trabajar con droides. Simplemente aparenta estar ocupado, no tardaré mucho. –Lo dejó en el pasillo.
Su supervisora estaba ocupada con otra aprendiz cuando llegó. Asegurándose de que nadie la estaba mirando, Nadra deslizó la tarjeta de datos en un puerto de su terminal. Tecleó un comando, luego retiró la tarjeta y volvió a ocultarla.
De pronto su pantalla mostró únicamente un galimatías sin sentido. El terminal pitaba y graznaba cada vez que pulsaba una tecla.
-¿Tienes un problema? –dijo la supervisora de cabello gris y rostro severo mientras se acercaba.
-Eh, sí, señora –respondió rápidamente Nadra-. Acabo de empezar. ¿Debo llamar a un droide de reparaciones?
La mujer pulsó unas cuantas teclas sin resultado.
-Sí. Y hazlo rápido. Tenemos muchos datos que procesar. El general Yrros quiere tener hoy en el sistema el último de estos registros del censo.
Nadra fingió llamar a mantenimiento, y luego se sentó a esperar. Dos minutos después, apareció Cuatrobé. Rodó hasta su terminal y extendió su acoplamiento de enlace al conector de la interfaz. Mientras Cuatrobé emitía chasquidos y zumbidos, Nadra se inclinó sobre la pantalla, ocultándola de la vista. Vio aparecer la ficha personal de Denel. En un parpadeo, Denel se convirtió en un técnico médico asignado a la enfermería.
Nadra volvió a introducir la tarjeta de datos en Cuatrobé mientras trabajaba. Echó un vistazo a su cronómetro.
-Es hora de que visite a mi madre –recordó a la supervisora.
-No tardes toda la mañana. Se te espera de vuelta a las 8:30. No se te ha dado ese cronómetro que llevas en la muñeca sólo para lucirlo, ¿sabes?
-Sí, señora.
-Lo juro, entrenaros a los rhamalianos para seguir un horario es imposible... –Su voz estridente se amortiguaba conforme se iba alejando.
Cuatrobé continuó trabajando. Nadra le dio una rápida palmadita al pasar.

***

Denel llegó a la unidad médica sólo minutos antes de las 8:00. La técnico médico de guardia estaba completando sus entradas de registro en la consola central antes del cambio de turno. Alzó la vista, con un gesto adusto en su rostro redondo, cuando Denel se acercó. Denel esperó que estuviera llevando correctamente el uniforme robado.
-Ah, técnico FR-231. Llegas con unos minutos de adelanto. La puntualidad ayuda a avanzar.
-Sí, señora –respondió Denel.
Tecleó para obtener la hoja de asignaciones en la pantalla.
-Tu primera tarea es llevar a la paciente 89B11 a la sala de terminación. ¿Sabes dónde es?
-Sí, señora. Paciente 89B11 a la sala de terminación. ¿La sala está preparada para su uso? –Denel esperó sonar convincente.
-Todo está listo. La paciente ha sido sedada. ¿Sabes el procedimiento?
-Sí, señora. Ya lo he hecho antes. –El corazón de Denel latía con fuerza. Si le hacía alguna pregunta más detallada...
-Muy bien –respondió-. Se le va a permitir a la hija de la paciente hacer una breve visita antes de la terminación. No le dejes prolongar la despedida. Eso sólo será más doloroso para ambas. –Volvió a sus entradas de registro mientras Denel respiró aliviado.
Al entrar en la habitación de Charis, vio que Nadra ya estaba allí. Hablaba en voz baja a su madre, explicándole lo que estaban a punto de hacer.
-¿Creéis que funcionará? –preguntó preocupada Charis-. No veo cómo podemos salir de aquí. Hay demasiados soldados de asalto.
-No podemos vencerles luchando, pero podemos ser más listos que ellos –respondió Denel-. Los imperiales no nos consideran una amenaza. Ahora mismo la seguridad está muy relajada. Limitémonos a seguir el plan y todo irá bien.
Miró a Nadra.
-Es la hora. Vamos. –Levantó a Charis y la colocó en una camilla repulsoelevadora-. Vamos, Nadra. Tú de un lado y yo del otro. –Sacaron lentamente la camilla por la puerta y la guiaron por el pasillo hasta el mostrador de guardia.
Cuando doblaron la esquina, Denel tragó saliva nerviosamente.
-Oh, no –susurró-. La técnica de guardia del turno de noche aún está ahí. Está informando al técnico del relevo. Espero que aún no haya mencionado la terminación de Charis. –Aminoraron la marcha al acercarse.
La técnico del turno de noche se fijó en ellos.
-Ah, sí –comenzó a decirle al joven del turno de día-. Esta es la paciente 89B11. Está programada su...
Un zumbido intermitente la interrumpió cuando una luz indicadora comenzó a parpadear en la consola de estado de la estación.
-Emergencia médica en la bahía de hangar cuatro –explicó la técnico del turno de noche-. Simplemente lee en los registros el resto del informe –dijo mientras se alejaba a toda prisa.
Nadra y Denel se miraron entre sí.
-¿Cuatrobé? –preguntó Nadra, vocalizando la palabra sin emitir sonidos. Denel se encogió de hombros.
El técnico del turno de día examinó cuidadosamente al pequeño grupo.
-¿Dónde os lleváis a esta mujer? –preguntó.
-Está programado que la paciente 89B11 reciba el alta hoy –respondió Denel con cautela-. Mis órdenes son llevar a estas dos personas al hangar de vehículos de superficie y escoltarlas a su casa en un deslizador terrestre.
El joven miró el rostro de Charis.
-No parece estar muy sana para irse a casa. Deja que lo confirme. –Pulsó unas cuantas teclas mientras Denel aguantaba el aliento-. Su ficha no aparece –murmuró, intentando otra vez el procedimiento.
-Vamos, Cuatrobé –susurró Nadra.
El técnico del mostrador gruñó.
-Ah, aquí está. –Examinó rápidamente la ficha de Charis-. Tiene permiso para recibir el alta, señora. Espero que se recupere rápidamente en su casa.
-Gracias –respondió Charis mientras Denel y Nadra comenzaron a avanzar por el pasillo de nuevo.
Cuando llegaron al hangar de vehículos, Denel se detuvo justo en la entrada.
-Casi perdemos la partida ahí atrás. Tenemos que convencerles de que estás casi bien. ¿Puedes levantarte y andar? –preguntó.
-Creo que sí –respondió Charis.
-Trata de parecer más fuerte –instó Denel-. ¿Puedes cruzar el hangar hasta los deslizadores?
-Está muy débil, Denel... –dijo Nadra.
-No, está bien, Nadra –respondió Charis-. Puedo hacerlo. Agárrame del brazo. –Nadra ayudó a su madre a ponerse en pie, mientras Denel guardaba la camilla en un armario de suministros.
Habían cruzado la mitad del amplio hangar de vehículos cuando los detuvieron.
-¿Dónde vais? –gruñó el sargento al mando al acercarse a ellos.
-Tengo órdenes para llevar a estas dos mujeres a su casa en un deslizador terrestre, señor –respondió Denel.
-Confirmado –dijo el hombre, tecleando la información en su tableta de datos-. El deslizador A23 está disponible. –El sargento señaló el extremo más lejano del hangar.
-Ah, pensé que podíamos tomar ese mismo –dijo Denel, señalando con la cabeza un deslizador a no más de cuatro metros delante de ellos-. Está mucho más cerca.
-Pueden usar el A23 –insistió el hombre.
-Pero este está disponible y está más cerca. –Denel comenzó a sentir pánico. Si sus planes cuidadosamente pensados fallaban ahora...
El supervisor se irguió sobre Denel.
-He dicho...
-Ohhh –gimió Charis al desmayarse en el suelo.
-¡Madre! ¡Madre! –Nadra se arrodilló junto a ella.
-¿Qué le pasa? –El sargento se alejó de Charis.
-¡Nada! –exclamó Denel-. Apenas acaba de recuperarse de una enfermedad y necesita ir a su casa a descansar. –Miró fijamente al hombre.
-De acuerdo. Tomad el deslizador más cercano –concedió el hombre, lanzándole a Denel una tarjeta llave-. Pero iros cuanto antes de mi zona. –Miró a Charis, apartándose de nuevo con una mueca.
Denel se dobló sobre Charis. Para su sorpresa, abrió los ojos y susurró alegremente:
-¿Qué tal mi actuación?
Todo lo que Denel pudo hacer fue contener una risa.
-Venga, vamos. –Cargó con Charis el resto del camino al deslizador terrestre y la colocó con cuidado en el asiento trasero. Se sentó en los controles con Nadra a su lado.

***

El general Yrros examinó su pantalla de datos en profundidad. Esperaba que comprobar los antecedentes de los ciudadanos rhamalianos revelaría algunos criminales buscados por el Imperio. Hasta ahora, su corazonada no había tenido éxito. Decidió intentar con la siguiente persona de la lista antes de rendirse. Pulsó unas cuantas teclas.
En su pantalla apareció un retrato de Lorn Moonrunner. Yrros leyó la historia del hombre. Nada fuera de lo ordinario. Pero algo le llamó la atención. El nombre le resultaba familiar. Ah, sí, eso. Ese nuevo recluta que había usado como ejemplo el otro día. Se apellidaba Moonrunner. Leyó la pantalla de nuevo. Sí, Denel Moonrunner es el hijo.
Yrros tecleó para obtener la ficha del recluta. La imagen de Denel apareció junto a la de su padre. Una vez más, el general fue golpeado por una sensación de familiaridad al mirar el rostro de Denel. Qué extraño, el hijo no se parece en nada al padre, pero se parece a alguien que he visto antes.
De pronto lo supo. Tecleó otro comando. El retrato de Denel desapareció y el de Lorn se amplió. Yrros pulsó algunas teclas más. En la pantalla, la barba de Lorn Moonrunner desapareció, su cabello se volvió varios tonos más oscuro y su rostro se estrechó considerablemente. Apareció un mensaje en la parte inferior de la pantalla.
-Coincidencia de identidad confirmada –leyó Yrros en voz alta-. Comandante Corvus Langlier –dijo con una risita de desdén-, te he estado buscando durante mucho tiempo.
Se quedó pensando un instante, y luego pulsó un interruptor de su intercomunicador.
-Comandante Vedder.
-Sí, señor –dijo la voz por el altavoz.
-Localice al recluta FR-231. Quiero que lo traigan a mi oficina de inmediato.
-Sí, señor –fue la respuesta-. Estoy obteniendo la ubicación ahora mismo, señor. –El comandante quedó en silencio por un instante-. Eh... ¿General Yrros?
-¿Algún problema, comandante?
-El recluta FR-231 está en su puesto asignado, señor.
-¿En su puesto asignado? –preguntó Yrros-. Comandante, a los nuevos reclutas no se les asignan puestos de servicio.
-Sí, señor, pero el listado muestra que está de servicio como técnico médico. Transportando a una paciente recién dada de alta...
-¡Qué! –El general se puso en pie de un salto, haciendo que su silla cayera al suelo tras él-. ¡Comandante, localice a ese hombre inmediatamente! No le deje salir de la base. ¡Repito, no le deje escapar!

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