miércoles, 28 de agosto de 2013

Cambiaformas (I)

Cambiaformas
Pablo Hidalgo

Era una pieza rápida, con un compás de dos por cuatro, y el órgano jet bola roja estaba programado para emitir un timbre metálico. Ninguno de estos elementos musicales hacía que la forma sentada tras la mesa de la esquina bebiera más rápido su vaso de espumoso licor azul. Más bien era una tensión invisible la que aceleraba su ritmo.
-¿Pyrron? –dijo una voz a través de la maraña de conversaciones de fondo y música jizz-. Pyrron Nox, ¿eres tú?
El vaso de licor se posó en la mesa, permitiendo una respuesta.
-Sí, lo siento... No puedo verte desde aquí...
-Soy Gideon. Cielos, han pasado órbitas desde la última vez que te vi. No has cambiado nada. -Un hombre larguirucho salió de entre las sombras. Era atractivo, según los estándares humanoides, con una enmarañada mata de pelo rubio y un rostro tallado por la radiación estelar.
-Bueno, mis ojos ya no son tan buenos como lo fueron antaño –dijo Pyrron señalando sus plastigafas tintadas-. Pillé una llamarada coronal con los fototrópicos desconectados. Ahora estoy todo el tiempo observando esa llamarada.
-Auh. Debe ser una lástima no ser capaz de ver las líneas del Suerte del Principiante. ¿Qué tal está el viejo pájaro? –Gideon tomó una silla desocupada de una mesa vecina y se sentó.
-Oh... aún vuela. ¿Y tu nave? ¿Qué tal le va?
-El Clase Independiente aún puede trazar elipses a tu alrededor, si es eso lo que preguntas. De hecho, Keeta y yo estamos en el puerto recogiendo un nuevo carenado combinado. La vieja Clase sigue derritiendo los gastados. –Gideon tecleó las teclas del menú en la mesa. Pyrron tomó nota mental de lo que había pedido.
-¿Keeta? ¿Qué tal está Keeta? –preguntó Pyrron, tratando de no parecer demasiado incómodo por la situación.
-Sigue tan fuerte como siempre, y a veces tan juguetona como un gatito, ¿sabes? Debería llegar dentro de poco. Se alegrará de verte. –Gideon bajó la voz-. Deberías saber que perdió un ojo. Estamos ahorrando para una prótesis cibernética, pero los créditos escasean ahora mismo.
-Es terrible. ¿Cómo ocurrió? –Pyrron apuró un trago de su bebida.
-Se vio en una pelea con uno de los matones del Jefe Trome. Un maldito cambiante, resultó ser.
-¿Cambiante? –Pyrron volvió a alzar su vaso-. ¿Te refieres a un cambiaformas? ¿De qué clase?
-¿Acaso importa? –Gideon hizo una mueca-. Esas masas viscosas son todas iguales. No tienen ni una gota de honor. Quiero decir que puede que el Imperio tenga dos caras, pero al menos no van por ahí fingiendo ser mi madre, ¿me entiendes?
-Gideon, creo que estás dejando que se te nuble la razón. Para empezar, hay por ahí muchos tipos de alienígenas cambiaformas, y creo que hay aún muchos más rumores que hechos contrastados. Te podría contar muchas historias. De hecho, recientemente acabo de escuchar una...

Era un gemido carente de alma, pensó el Moff Bandor. El producto de un ser que creía sentir dolor. Bandor pulsó el comunicador de su escritorio.
-Berlihat, asegúrate de dar de comer a Lonchan.
Una voz nasal respondió en el extremo opuesto del circuito.
-¿Señor? Soy un analista programador, señor. Me temo que yo no...
-Eres mi sirviente, Berlihat. Te pago bien ¿no? El cocinero ha dejado una pila de vegetales cerca del comedor. Todo lo que tienes que hacer es bajarlos y dejarlos junto a la entrada.
Berlihat pulsó el interruptor para cerrar la comunicación. Sólo llevaba una semana sirviendo allí, en el palacio de Bandor en Questal, y ya era muy diferente de su tiempo en Eriadu. Estaba acostumbrado a las excentricidades de un Moff, pero Bandor no se parecía a ninguno al que hubiera servido. Tenía la reputación de provocar miedo en sus oponentes a distancia, y algunos creían que había hecho uso de poderes Sith olvidados hace tiempo. Su mayor obsesión, sin embargo, se encontraba varios metros por debajo del palacio... la maldita cámara de juegos de Bandor, donde lanzaba a sus rivales a un letal juego por la supervivencia.
Una de las mascotas de Bandor necesitaba ser atendida, y ahora Russo Berlihat, un graduado de la mejor Academia Técnica del Núcleo, se encontraba llevando a las cavernas una bandeja de vegetales marchitos y apestosos.
Tal vez la humillación fuera otra de las obsesiones de Bandor.
El avance por las catacumbas transcurrió sin percances. Desde pasillos pulidos hasta rugosos muros de piedra, Berlihat se negaba a asustarse por las sombras que danzaban en las esquinas. Continuó bajando los escalones, recordando los relatos que había escuchado del equipo de secretaría. Trampas láser, salas preparadas para simular terremotos, cazarrecompensas descarriados, “un pozo de viento”, y otros atroces elementos ocultos en cámaras olvidadas.
No. Concéntrate en tu tarea. Ahora no hay nadie en las cámaras, de modo que no se activará ninguna de las trampas. Berlihat centró la mirada en la bandeja que tenía ante él, negándose a dejar que las oscuras sombras y los toscos muros lo distrajeran. Miró fijamente las calabazas ranna y la verdura balka... y entonces la idea vino a su mente.
¿Por qué Bandor tendría un herbívoro en sus cámaras de juego?
Un estrépito llenó el estrecho pasillo cuando Berlihat dejó caer la bandeja de vegetales. Comenzó a correr hacia la entrada. Un sólido disco de piedra rodó cerrando la apertura. Berlihat cerró los puños, golpeando con ellos la puerta implacable.
-Veintitrés minutos, doce segundos. Bien hecho, Berlihat. Casi la mitad del tiempo de nuestro último ingeniero de análisis –resonó la voz de Bandor desde altavoces ocultos.
-¡Bandor! –gritó indignado Berlihat-. ¡Hijo de vervikk! ¡Déjame salir de aquí! Daré de comer a tus mascotas, ¿de acuerdo?
-Sí, lo harás.
Hubo unos segundos de silencio. Luego, el muro se vertió sobre el suelo, formando una masa de roca que se extendió, enrollándose alrededor de la pierna de Berlihat. Congelado por el pánico, observó cómo a la curva interior de la espiral le crecían pequeñas protuberancias cónicas. Sus sentidos regresaron de cualquiera que fuese la parte de su cuerpo a la que habían huido y, en el instante en el que Berlihat trató de retirar la pierna, las protuberancias se convirtieron en dientes afilados...

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