viernes, 27 de julio de 2012

Vanguardia de contrabandista (y II)

Los ojos de Hylo se abrieron con un parpadeo. Apenas habían pasado unos segundos desde que los matones del hutt la habían dejado inconsciente. Vagamente podía distinguir las dos figuras de pie junto a ella.
No podemos fiarnos de ella. Está loca. Es mejor que la matemos sin más.
Avergonzado por haber sido rescatado de la posición en la que se encontraba, la voz de nikto de Musk estaba llena de frustración.
Aunque todavía sólo estaba consciente a medias, Hylo empezó a protestar, pero descubrió que su boca seguía adormecida por el golpe que había recibido de la culata del rifle del weequay. Sus labios hinchados no podían formar las palabras.
Afortunadamente, el weequay ni siquiera la consideraba una amenaza creíble.
No. Si Barrga la quiere muerta, querrá hacerlo por sí mismo. Dirigió a Musk una sonrisa llena de dientes rotos.
El weequay se agachó y agarró una de las correas del chaleco de Hylo.
La encerraremos en el segundo compartimiento de carga. Llevaremos a Barrga los créditos y la traidora. Puede que incluso nos pague un extra.
Mientras el weequay la arrastraba hacia la segunda bahía de carga, Hylo se relajó y se dejó llevar. Miró hacia atrás a través de sus párpados entrecerrados para ver como la duda se reflejaba en el rostro de Musk. No estaba muy contento con el hecho de que Barrga fuera a escuchar los detalles de esta historia. No le culpo, pensó. Habría sentido lástima por Musk, pero sabía que pronto el weequay también tendría algo de lo que avergonzarse.
Musk no era el cerebro de la operación, pero su socio tampoco. Si cualquiera de los dos hubiera pensado a fondo su decisión a través, se habrían dado cuenta de su error. Hylo había realizado contrabando de personas y bienes en el Vellocino Carmesí durante años. La habrían capturado o matado mucho antes de su viaje a Corellia si no hubiera instalado trampillas de escape en sus bodegas de carga.
A los pocos minutos de que el weequay cerrase y bloquease la puerta de la segunda bahía de carga, Hylo ya se había introducido a través del pequeño panel y se deslizaba por la trampilla de escape hacia la parte inferior del Vellocino.
El aire fresco y limpio asaltó de nuevo sus sentidos, calmando sus nervios. No hizo nada, sin embargo, para calmar el punzante dolor de sus labios magullados. Se acarició suavemente la mandíbula mientras echaba un vistazo a la pista de aterrizaje para asegurarse de que, efectivamente, todavía seguía carente de vida. Eso podría cambiar en cualquier momento. Avanzó furtivamente a través de la plataforma de aterrizaje hacia el único lugar donde podía esconderse... los contenedores de carga vacíos que se encontraban al borde de la plataforma.
Ocultándose entre dos de los contenedores, Hylo exprimió su cerebro en busca de un plan. Le preocupaba que los matones comprobasen la bodega de carga y descubrieran su fuga. Tenía que actuar con rapidez. Tenía que recuperar su nave y salir volando lejos de este lugar tan rápido como pudiera. Sin embargo, sin un bláster eso no iba a ser fácil.
Los pensamientos acelerados de Hylo se detuvieron de golpe cuando escuchó el siseo de las puertas de carga abriéndose al otro extremo de la plataforma. Se asomó, sin saber qué esperar, pero todavía se sorprendió al ver a un hombre de negocios de aspecto señorial salir a la plataforma con el droide de protocolo a su lado. Vestido con un traje rojo de lentejuelas con colas y un cuello alto, claramente era un representante corporativo bien remunerado. Aunque su ritmo rápido y su ceño fruncido le sugerían que estaba preocupado por algo, su mirada distante parecía indicar que no tenía nada que ver con la tarea en cuestión. El representante de Rendili caminó a través de la plataforma hacia el Vellocino Carmesí con el droide de protocolo tratando desesperadamente de mantener el ritmo.
Detrás de ellos, surgieron dos droides utilitarios transportando lo que parecían ser cajas de créditos. Un único guardia armado los acompañaba; su pose
sugería que para él éste era un día más de trabajo normal. Demasiado relajado para estar esperando pelea, observó. Hylo estaba tratando de estudiar el entorno más de cerca, pero su vista quedó bloqueada cuando la escotilla de aterrizaje del Vellocino se abrió y bajó a la tierra. Hylo vio la silueta de la forma de Musk descender por la pasarela, y se agachó un poco más en su escondite.
Empezó a morderse inconscientemente el labio hinchado al considerar este giro de los acontecimientos. A pesar de sus sospechas, el grupo parecía ser exactamente lo que se suponía que era. Tal vez este trato sea totalmente legítimo. Estaba empezando a dudar de sus instintos. Por un breve momento, Hylo incluso consideró salir sin más de su escondite y pedir disculpas a todo el mundo, pero sabía que era demasiado tarde para eso. Además, nunca se había equivocado al leer los signos, y si alguna vez había tenido una señal clara de mala suerte inminente, esa era generador de hipermotor al estropearse. Decidió esperar un poco más.
Con el ritmo cardíaco acelerado por el miedo, Hylo se atrevió a echar otro vistazo a la escena de la pista de aterrizaje. Los matones y el representante de Rendili se encontraban de pie junto a la rampa de aterrizaje. Los droides utilitarios habían dejado las cajas de créditos en el suelo y ascendieron por la rampa al Vellocino. Hylo sabía que saldrían en cualquier momento con los motores iónicos, y el trato estaría cerrado. Cerró los ojos y descubrió que podía oír ligeramente la conversación que tenía lugar junto a la rampa de aterrizaje.
No sois los primeros estaba diciendo el representante de Rendili de una manera amistosa, esto sucede de vez en cuando. Aquí tenemos mecánicos, pero son mucho mejores construyendo naves que reparándolas.
La voz del representante sonaba como si estuviera satisfecho de sí mismo por algo.
Os diré una cosa continuó el representante, una vez que hayamos terminado aquí, podéis dirigiros directamente a Ciudad Corona. Voy a hacer una llamada y arreglarlo todo para que se ocupen de vuestro hipermotor inmediatamente.
Se agradece su amabilidad.
Hylo se encendió por la rabia al escuchar al weequay haciendo gestiones para reparar su nave. Comenzó a apretar los dientes con nerviosismo mientras miraba a los droides utilitarios descender por la pasarela con los motores iónicos.
No falta ningún motor, señor trinó el droide de protocolo. El representante asintió con la cabeza, y los tres droides se dirigieron a través de la plataforma hacia la entrada del edificio.
Muy bien dijo el representante Rendili, haciendo un gesto al guardia armado, los créditos son todos vuestros.
El guardia se apartó de los créditos y se volvió para seguir a los droides.
Es un placer hacer negocios con usted. El weequay hizo una reverencia al representante. Le hablaré a Barrga de su hospitalidad.
Gracias. El representante no se molestó en devolver el gesto del weequay. Haré que control de vuelo transmita las coordenadas de las instalaciones de reparaciones en Corona.
El representante se marchó, volviendo a su ritmo acelerado, y probablemente en dirección a su próxima cita.
Musk y el weequay tomaron cada uno una caja de créditos y subieron al Vellocino por la pasarela. Hylo se dio cuenta de que tendrían que hacer unos cuantos viajes.
Volvió a meterse en su escondite y sopesó sus opciones. Podría tratar de colarse de nuevo en la nave antes de que despegase, pero no podía volver a través de la escotilla de escape. Tendría que caminar hasta la pasarela, y era poco probable que pudiera hacer eso sin ser vista. Incluso si lo lograba, ¿qué haría? ¿Ocultarse hasta regresar a Nar Shaddaa? ¿Colarse de nuevo en la bodega y defender su caso ante Barrga? Las opciones no eran atractivas.
Sin embargo, si se quedaba ahí, ¿qué podía hacer? ¿Entrar y pedir ayuda a alguien de Rendili? De alguna manera, eso parecía aún peor que enfrentarse a Barrga, pero tal vez estaba siendo paranoica.
Todavía luchando con lo que debía hacer, Hylo echó otra mirada a la pista de aterrizaje y se sorprendió al darse cuenta de que su elección ya había sido hecha. Los matones de Barrga habían cargado ya a todos los créditos, y la escotilla de aterrizaje se estaba cerrando ante su mirada. Hylo se quedó estupefacta.
Antes de que pudiera reaccionar, oyó cómo se encendían los motores subluz del Vellocino. Momentos más tarde, vio en estado de shock cómo la nave despegaba de la plataforma de aterrizaje. Acabo de perder mi nave, se dijo. Nunca se había sentido tan impotente. Su garganta se secó, y ahogó un sollozo desesperado. Se mantuvo en un estricto control, pero una lágrima escapó de su ojo y rodó por su mejilla mientras observaba el ascenso del Vellocino Carmesí. Sabía que tenía que pensar qué hacer a continuación, pero no podía apartar los ojos de la nave, que alcanzó una altitud de seguridad y aceleró súbitamente. Recupera el control de ti misma. Se obligó a mirar hacia otro lado.
Un estallido atronador sacudió la pista de aterrizaje.
Levantó la vista. El Vellocino Carmesí había explotado. Las llamas salieron disparadas como fuegos artificiales, sólo para evaporarse en grandes mechones de humo. Contempló en silencio reverente cómo la nube de polvo que había sido su nave se disipaba poco a poco. Pasaron los minutos, y Hylo se limitó a seguir mirando al espacio vacío.
Recuperándose por fin de su sorpresa, se dio cuenta de que los signos no habían mentido. Esas cajas de créditos debían estar repletas de explosivos. Ella estaba en lo cierto.
Hylo volvió a mirar a las puertas de carga, casi esperando que el representante y el droide de protocolo estuvieran allí de pie, sonriendo ante su exitoso acto de traición. No había nadie allí, sin embargo, sólo el frío y limpio vacío de la pista de aterrizaje. Tal vez el representante ni siquiera sabía acerca de los explosivos. Hylo trató discernir los hechos para averiguar la verdad, pero entonces se dio cuenta de que no importaba. La Corporación de Vehículos Rendili había traicionado a Barrga el Hutt y volado la nave de Hylo: la verdad era que tenía suerte de seguir viva.
Hylo se dejó caer pesadamente en su escondite, y empezó a llorar. El Vellocino Carmesí había sido su billete a la libertad, su medio de ganarse la vida y, ciertamente, su mejor amigo. Había invertido todos sus créditos y todo su corazón en el Vellocino. Sabía que iba a ser difícil venderlo, pero en todos sus sueños y pesadillas, nunca había imaginado que perdería el Vellocino de esta manera. No estaba lista. No era justo. Hylo continuó sollozando en silencio durante algún tiempo pero, cuando se detuvo, se sintió en paz.
A pesar de la pérdida de su nave, el labio dolorosamente hinchado, y la terrible situación en la que estaba, Hylo se consoló al saber que había visto y reconocido las señales. Había confiado en sus instintos, y había sobrevivido gracias a ello. Era una confirmación de su capacidad para cuidar de sí misma. De alguna manera, sabía que el peligro había pasado. Ahora era libre de tomar cualquier riesgo que fuera necesario, sin temor al desastre. En verdad, esto era más importante que cualquier otra cosa.
Hylo se quedó en su escondite hasta el atardecer, simplemente para relajarse, sin hacer esfuerzo alguno para llegar a un plan, sin pensar realmente siquiera. Apoyó su labio hinchado contra la fría pared metálica del contenedor de carga, y observó al sol hacer poco a poco su camino hacia el horizonte. Cuando por fin se incorporó, la oscuridad se estaba asentando. Se tocó suavemente la cara. La hinchazón había bajado. Ya era hora de moverse.
A pesar de la llegada de la noche, no había manera posible de ocultarse en la pista de aterrizaje vacía, por lo que Hylo no se molestó en tratar de ser sutil. Atravesó la plataforma lo más rápido que pudo, contando con su suerte para evitar ser vista.
Cuando llegó a las puertas de carga, se sintió aliviada al ver que no estaban cerradas con llave. Las puertas se abrieron en silencio y Hylo asomó con cautela la cabeza para descubrir un amplio y sobrio pasillo, tan inmaculadamente estéril como la pista de aterrizaje del exterior.
Después de asegurarse de que no había guardias ni cámaras de seguridad, Hylo avanzó con paso ligero por el pasillo. No conocía el diseño del edificio, por lo que simplemente comenzó a caminar por el pasillo, en busca de cualquier indicio de una salida. Pronto encontró un hueco de escalera y se dirigió hacia abajo. Después de descender varios tramos, surgió en el nivel inferior con una sensación reconfortante. El hueco de la escalera salía a una pasarela elevada por encima de un garaje enorme. Los olores familiares de aceite lubricante, metal quemado, y pintura fresca la tranquilizaron. Ese era un lugar en el que podría encajar.
Hylo se alegró aún más al oír los sonidos de trabajos llevándose a cabo por todo el garaje. Decenas de cazas estelares en varios estados de construcción estaban dispuestos en filas a lo largo del suelo del garaje. A juzgar por la variedad de modelos y el extraño aspecto de algunas de las piezas, todos ellos eran proyectos de prototipos. Hylo respiró hondo... lo que daría por poder pasar unos días trasteando por ahí.
En ese momento sólo se estaba trabajando en un puñado de los vehículos, pero intuyó que había trabajando al menos una docena de mecánicos, midiendo, soldando y atornillando piezas en diferentes áreas del garaje. Desde la pasarela, Hylo podía ver claramente el suelo del garaje, pero ella sería difícil de ver desde el suelo, por lo siguió caminando y cruzó la pasarela hasta otro conjunto de escaleras que la llevaron hasta el suelo del garaje, junto a una oficina abierta.
Viendo a través de la ventana de observación que la oficina estaba vacía, Hylo se deslizó por la puerta y encontró exactamente lo que estaba buscando, un perchero con monos de trabajo. Ningún garaje estaría completo sin ellos. Hylo buscó en el perchero hasta que encontró la talla más pequeña, y rápidamente se lo puso sobre su ropa de cuero. Era un poco grande, pero después de ajustarse el cinturón no tenía un aspecto demasiado torpe. Al ver su reflejo en un pedazo de chatarra de duracero, Hylo se dio cuenta de que su pelo corto, con mechas rojas, aunque de moda en Nar Shaddaa, podría parecer un poco extraño aquí. Encontró un casco de soldadura y se lo puso, levantando la visera. Por pesado y torpe que pudiera ser, un buen disfraz era más importante en estos momentos. Confiando en que ya pudiera dar el pego, se volvió para salir de la oficina.
Estaba casi fuera de la puerta cuando se le ocurrió comprobar la holo-terminal del escritorio. Esperaba que estuviese bloqueada, pero descubrió complacida que pudo acceder rápidamente a la red. Tenía la esperanza de encontrar los planos de toda la instalación Rendili, pero tuvo que conformarse con un diagrama de diseño del edificio en el que se encontraba. Al parecer, el 'Edificio A' estaba dedicado a la investigación y el desarrollo de naves ligeras. Tiene sentido que aquí es donde quisieran entregar los motores iónicos, pensó para sus adentros.
No había pensado mucho en ello antes, pero ahora se daba cuenta de los motivos de la corporación para el engañar a Barrga. Rendili no tenía interés en comprar motores iónicos de Nar Shaddaa. Simplemente, quería examinar los prototipos y buscar la manera de reproducirlos. Si Rendili hubiera intentado algo como esto con una corporación alineada con la República, las garantías legales le habrían impedido el robo de la tecnología. Arrebatársela a los hutts, sin embargo, no tenía consecuencias legales de ningún tipo. Hylo podría haber sonreído ante la ironía de que los hutts vieran cómo se usaba su propio juego contra ellos, pero no era gracioso cuando le había costado el Vellocino. Se preguntó si el ejército de la República sabría algo acerca del complot. Decidió darles el beneficio de la duda y asumir que el plan había sido puramente empresarial. En este punto, sin embargo, sería imposible exponer la traición Rendili. Si de una cosa estaba segura, era que una empresa de este tamaño habría tenido la precaución de borrar sus huellas.
Mientras Hylo buscaba los planos del edificio para encontrar una salida discreta, sus ojos fueron atraídos por un parpadeante recordatorio de calendario en el holoterminal. Al parecer, estaba programado un vuelo de prueba en la plataforma de aterrizaje A-23 para el proyecto "Vanguardia". Intrigada, Hylo abrió el archivo de datos y descubrió que el "Vanguardia" era un caza-corbeta de alta velocidad que Rendili había estado desarrollando durante varios años. Sin embargo, por impresionantes que fueran las especificaciones de la nave, lo que realmente sorprendió a Hylo era el nombre del cliente. El Vanguardia había sido desarrollado para la Orden Jedi.
Hylo había volado de un lado a otro de la galaxia. Había entregado contrabando a varias instalaciones militares alineadas con la República, pero nunca se había encontrado con ningún miembro de la infame Orden Jedi. Había oído todas las historias, por supuesto. Los Jedi habían sido considerados como los más temidos guerreros de la galaxia hasta que el Imperio Sith regresó. La larga guerra había aportado pruebas suficientes de que los Jedi eran tan mortales como cualquier otra persona. Hylo había crecido en este ambiente, pero le habían hablado de un tiempo cuando los cazadores de recompensas y mercenarios hablaban acerca de los Jedi en voz baja, y cuando nadie se habría atrevido a desafiar a la orden Jedi. En estos días, no era raro escuchar a maleantes como Musk alardear por haber matado a un Jedi. Sin embargo, Hylo sabía que eran osadas mentiras, y siempre había mantenido un saludable temor a los Jedi. Al mismo tiempo, encontraba que el auto-sacrificio y la valentía de los Jedi eran intrigantes. Siempre había querido conocer a uno. Hoy, sin embargo, su único interés estaba en conseguir escapar.
Un plan tomó forma en la mente de Hylo. Estuvo a punto de apartarlo de su mente de un manotazo, pero su curiosidad era demasiado fuerte. Si pudiera llegar a la plataforma A-23 antes de que despegase el vuelo de prueba, podría realizar su propio vuelo de prueba por su cuenta. Sonrió al pensar en la satisfacción que le daría robar una nave de la Corporación Rendili. ¿Quién sabe? Podría incluso ser capaz de trocar la nave por el perdón de Barrga. La idea de tratar de robar la nave le aterrorizaba, pero la ventaja era demasiado atractiva. Ese era un buen riesgo, y en ese momento los signos estaban a su favor.
Sabiendo que cada segundo sólo haría la tarea más peligrosa, Hylo salió rápidamente de la oficina. Estaba a punto de regresar al hueco de la escalera, cuando descubrió un cómodo ascensor. Confiando en su disfraz, entró en él y descubrió que la plataforma de aterrizaje A-23 estaba en el techo del edificio.
El ascensor llegó a la plataforma A-23 y se abrió a un entorno completamente diferente del resto del edificio. Alfombras de aspecto lujoso y caras obras de arte... claramente ahí era donde los ejecutivos de Rendili recibían a sus clientes más respetables. Sonaba música suave por un sistema de altavoces, impidiendo que Hylo escuchase cualquier actividad cercana, pero no dudó en avanzar por el pasillo. Mientras caminaba, sin embargo, se dio cuenta que, incluso disfrazada, ahí parecería completamente fuera de lugar. Estaba pensando en quitarse el mono cuando dobló una esquina y casi derribó a una mujer delgada, elegantemente vestida con un traje similar al representante de Rendili de la plataforma de aterrizaje. La mujer estaba preocupada estudiando una tableta de datos, pero levantó la vista en estado de shock al ser atropellada.
Hylo reconoció de inmediato que había entrado en una sala de observación para la pista de aterrizaje A-23. Podía ver una gran ventana en la pared opuesta pero, desde su punto de vista, no podía ver la pista de aterrizaje propiamente dicha.
El interior de la sala de observación estaba bien equipado, con lujosas sillas reclinables cerca de la ventana, y una mesa circular en la parte posterior con sillas cuidadosamente dispuestas para una amigable reunión de negocios. De esa mesa era de donde se había levantado la delgada mujer de negocios antes de encontrarse cara a cara con Hylo.
No puedes estar aquí exclamó la delgada mujer de negocios. ¿Qué estás haciendo?
La idea de tratar de dejar inconsciente de un golpe a la mujer pasó por la mente de Hylo, pero su boca se abrió en su lugar.
El jefe me ha ordenado que subiera a comprobar los amortiguadores aluviales del Vanguardia por última vez antes del vuelo de prueba. Esperaba desesperadamente que la mujer careciera de los conocimientos mecánicos para darse cuenta de que eso era muy poco probable. Lo siento, es la primera vez que subo aquí se apresuró a añadir Hylo, tratando de explicar por qué estaba completamente perdida.
Una expresión de frustración apareció en el rostro de la mujer.
¿Por qué tiene que hacerse siempre todo a última hora?
Señaló con la cabeza en dirección a una puerta en el pasillo que Hylo supuso que llevaba a la pista de aterrizaje.
Hylo sonrió nerviosamente a la mujer a pesar del alivio que sentía por dentro. Inclinó educadamente la cabeza y avanzó por el pasillo.
Que sea rápido espetó la delgada mujer de negocios desde detrás de Hylo. El cliente llegará en cualquier momento.
Hylo no miró hacia atrás, pero aceleró. Cruzó las puertas que daban a la pista de aterrizaje y el aliento se le quedó atrapado en la garganta. La más bella pieza de la maquinaria que jamás hubiera visto estaba justo frente a ella. El Vanguardia era completamente plateado, brillante, con paneles de color rojo que fluían suavemente hacia la parte posterior hasta un conjunto de propulsores gemelos circulares en la parte trasera. La parte frontal de la nave se ensanchaba en forma de martillo, similar al diseño del puente de los Cruceros Estelares de la República, pero girado en horizontal, permitiendo lo que Hylo esperaba que fuera una muy amplia y cómoda cabina de mando. Por supuesto, cualquier cosa sería amplia en comparación con la cabina del tamaño de un armario a la que estaba acostumbrada en el Vellocino.
Recordando que todavía estaba en una situación precaria, Hylo dejó a un lado el asombro y se dirigió a través de la plataforma hacia la nave. Recorrió con el dedo el vientre inmaculado mientras subía la rampa de aterrizaje y ascendía a la nave.
Por mucho que Hylo se hubiera maravillado al ver el exterior del Vanguardia, esta sensación se duplicó en el interior. El sistema se había encendido para dar la bienvenida al cliente, y el vestíbulo de la nave era un museo de accesorios que Hylo sólo había visto en sueños. Desde un terminal de holocomunicaciones de última tecnología en el centro de la sala, hasta confortables asientos giratorios de color rojo colocados en varios puntos de la sala, no se había pasado por alto ningún detalle. Si había alguna mejora disponible, el Vanguardia la tenía. Hylo se recordó que tendría tiempo de sobra para explorar la nave más tarde y se dirigió directamente a la cabina.
Estaba preocupada de que la configuración de control fuera demasiado avanzada para ella, pero se sintió aliviada al descubrir que se había aplicado la disposición tradicional. La diferencia más notable era que todos los controles estaban retroiluminados para permitir una iluminación más tenue en la cabina. Además de los asientos del piloto y copiloto al timón, había dos pequeños asientos en las esquinas traseras de la cabina para pasajeros adicionales.
Hylo estaba tan emocionada que saltó sobre el respaldo de la silla para deslizarse en el asiento del piloto. Al hacerlo, sin embargo, se enganchó el mono en la correa de aceleración del asiento y se desgarró una tira de la pernera de su pantalón. En un instante, el optimismo infantil de Hylo se evaporó, y se sentó en el asiento del piloto petrificada de horror.
No había querido reflexionar sobre su excepcional buena suerte, por temor a sabotearla, pero ahora no importaba. Desde el momento en que el Vellocino había explotado, todo había ido a su favor. Desde encontrar convenientemente un disfraz en el garaje, hasta el éxito de su farol para salir a la pista de aterrizaje 23, no había sucedido nada negativo. El desgarrón de su mono, sin embargo, le recordó a Hylo la mancha en el vestido de su madre, y todos los demás signos de malos augurios que había experimentado en toda su vida.
Hylo cerró los ojos y tragó saliva. Decidió que iba a fingir que no había sucedido. En este punto, había llegado demasiado lejos para dar marcha atrás. Voy a robarla de todos modos. Trató de convencerse de que toda la buena suerte que había tenido sin duda superaba a un simple desgarrón en el mono.
Aferró los controles de la vanguardia y apretó fuerte. Si iba a robar la nave, esta era su oportunidad. Echó un vistazo al tablero de instrumentos y rápidamente encontró todos los mandos e interruptores que necesitaba para salir de la atmósfera de Corellia. Extendió la mano para encender los motores subluz y se detuvo. El interruptor de encendido no estaba allí. Estudió desesperada el panel superior y se dio por vencida. Sintió el pánico creciente a través de su estómago mientras seguía examinando cuidadosamente el tablero de instrumentos en busca del encendido.
En el momento siguiente, su exasperación se convirtió en adrenalina. Oyó sonido de pasos en la rampa de aterrizaje. Sin pensarlo, se lanzó al otro lado de la cabina y se agachó detrás del asiento trasero. Escondida en las sombras, se quedó inmóvil. Sabía que eso nunca iba a pasar, pero deseó contra toda esperanza que los pasos dieran media vuelta y se fueran. No hubo tal suerte.
Acurrucada formando un ovillo detrás del asiento trasero, no pudo obtener una visión clara, pero ella distinguió la sombra de un hombre entrando en la cabina y sentándose en el asiento del piloto. Estaba sin aliento. Iba con prisas. Ella se alegró de ello. De lo contrario, si hubiera mirado a su alrededor, podría haber visto la pierna que sobresalía detrás del asiento trasero.
Al oír al piloto pulsar algunos interruptores, Hylo decidió que probablemente estaba lo bastante ocupado para que ella pudiera asomarse para ver mejor. Desde la esquina del asiento, trató de hacerse una idea del piloto. A pesar de que no podía ver la ropa que llevaba, pudo ver una esquina de paño que le sugirió que no llevaba ningún traje lujoso de piloto de pruebas. Por su pelo castaño que le caía hasta los hombros, también podía deducir que probablemente no estaba en el ejército.
Quienquiera que fuese, se estaba preparando para el despegue. Al levantar la rampa de aterrizaje, las esperanzas de Hylo se reavivaron. Si se trataba de un solo hombre, probablemente podría ocuparse de él, sobre todo si estaba centrado en los controles de la nave. Pensó en esperar hasta después de que la nave hubiera despegado, pero decidió que era demasiado arriesgado. Si estaban en el aire, él podría hacer caer en picado el Vanguardia si no lo vencía de un solo golpe. Miró un segundo más y le vio pasar la mano por debajo del tablero de instrumentos para girar un mando que no había visto antes. Los motores subluz se encendieron. Así que ahí es donde está el arranque.
Hylo salió en silencio de detrás de la silla hacia el suelo, justo detrás del piloto.
Todos los sistemas en línea. dijo este en un auricular.
Hylo no había visto el auricular antes, por lo que sólo escuchar la voz hizo que su corazón se disparase. Su voz sonaba amistosa, no comercial.
Manténgase a la espera, Vanguardia. La voz de un controlador estaba respondiendo en el auricular, lo suficientemente fuerte para que Hylo pudiera oírla. Queremos despejar parte del tráfico aéreo cercano para que podamos obtener una lectura limpia de su velocidad de despegue.
Hylo supo que ese momento de demora era su única oportunidad. Miró a su alrededor rápidamente en busca de algo pesado con lo que golpear al piloto en la cabeza. Sin embargo, la cabina estaba tan limpia y eficiente como todo lo demás en Rendili, y no había nada, excepto el casco de soldadura que había caído de la cabeza de Hylo cuando saltó hacia el asiento trasero. El casco sin duda no era lo ideal, pero la parte superior estaba reforzada con duracero, por lo que era mejor que nada. Hylo agarró el casco con ambas manos y se levantó en silencio detrás del asiento del piloto.
Sus manos se congelaron. Hylo estaba mirando a un Jedi. No podría haberlo deducido simplemente mirando a su ropa, pero de pie, ahora podía ver el sable de luz en el cinturón. Nunca había visto uno, por supuesto, pero cuando aún trabajaba como mecánico había estado lo bastante intrigada como para leer acerca de la tecnología. No había error posible. Un millón de pensamientos chocaron en la mente de Hylo. ¿Cómo pudo no haber adivinado esta posibilidad? ¿Por qué él no la había detectado? ¿Sería capaz de noquearlo? ¿Le atravesaría él con su sable de luz?
Sin embargo, sus pensamientos fueron borrados cuando el Jedi se volvió para mirar por encima del hombro con una expresión de desconcierto y se encontró mirando justo a los ojos de Hylo. Su sorpresa debía de haber disminuido sus reflejos, porque pareció quedarse quieto incluso mientras actuaba el instinto de Hylo. Bajó los brazos con todas sus fuerzas, golpeando el casco en la cara del Jedi en un extraño ángulo. Levantó el casco para repetir el golpe, pero se sorprendió al ver que no era necesario. Milagrosamente, los ojos del Jedi se habían puesto en blanco y su cuerpo estaba inerte. Cayó del asiento del piloto, golpeando la cabeza contra el suelo.
Hylo no se paró ni un instante en pensar en lo improbable que era lo que acababa de ocurrir. Lo primero que hizo fue quitar el sable de luz de su cinturón y la lanzarlo a una esquina. Por alguna razón, esa arma la aterrorizaba. Agarró la túnica del Jedi y lo arrastró fuera de la silla, dejándolo tendido en el suelo de la cabina. Sabía que no podía arriesgarse a dejarlo atado en la parte trasera. Eso sería una completa locura. Lo único seguro es matarlo mientras está inconsciente, razonó. Hylo estaba a punto de buscar algo más letal que el casco para acabar con él, pero en su lugar miró el rostro del Jedi.
Era pálido para un ser humano, pero su piel tenía una belleza sin edad que Hylo no podía dejar de notar. Si se hubiera topado con este hombre en una cantina en algún lugar, puede que incluso se hubiera sentido atraída hacia él. Curiosamente, parecía que había caído en un sueño tranquilo. Matar a un Jedi probablemente me traerá toda una vida de mala suerte, pensó. Se dio cuenta de que los labios del Jedi se estaban hinchando en el lugar donde el casco le había golpeado. Esa herida era la imagen especular de la suya propia. No podía matarlo.
Muy bien, hemos despejado el tráfico aéreo, Vanguardia. Tiene vía libre para el despegue. La voz del controlador surgió de los auriculares, recordando a Hylo la urgencia del momento.
No podía matar al Jedi, y no podía arriesgarse a llevarlo con ella, por lo que hizo la única cosa posible. Se levantó y pulsó el botón para bajar la rampa de aterrizaje. Espero que no me arrepienta de esto.
Tomó su capa detrás de los hombros y arrastró al Jedi a través del limpio suelo de la nave. Casi tropezó cuando llegó a la pasarela, pero utilizó el peso muerto del Jedi para evitar caer y continuó tirando de él hacia la pista de aterrizaje. En la parte inferior, lo arrastró fuera de la pasarela. Casi tenía ganas de reír. Aunque pareciera una locura, sabía que estaba haciendo lo correcto. Echó una última mirada al Jedi durmiente, y entonces se besó los dedos y los posó suavemente en su frente. Para que tengas buena suerte.
Subió corriendo de nuevo por la rampa, llegó a la cabina y saltó sobre el asiento del piloto. Esta vez, tuvo cuidado de no engancharse el mono.
Vanguardia. ¿Qué está pasando ahí fuera? escuchó que decía la vocecita de los auriculares caídos.
Alzó la rampa de aterrizaje e, incluso antes de que estuviera totalmente cerrada, tiró de los controles y levantó el Vanguardia de la pista de aterrizaje. La nave se sentía ligera y ágil, completamente distinta de cualquier cosa que hubiera pilotado nunca antes. Confiando en sus habilidades, dirigió la nave hacia el cielo y puso los propulsores a toda velocidad en un movimiento fluido. El Vanguardia salió disparado hacia el cielo y se perdió de vista.
Más rápido de lo que Hylo hubiera imaginado que podía ir, el Vanguardia surcó el aire y el espacio. Sabiendo que Rendili pronto se pondría a perseguirle, Hylo tecleó rápidamente las coordenadas de Nar Shaddaa, coordenadas que hacía mucho tiempo que había aprendido de memoria. Encendió el generador de hipermotor y luego experimentó un último momento de terror, cuando no oyó el silbido familiar. Sin embargo, se dio cuenta rápidamente de que los sonidos del Vanguardia serían totalmente diferentes de los del Vellocino. Cuando lo activó, el Vanguardia saltó al hiperespacio sin dudarlo.
Salió del hiperespacio a la vista de Hutta. Nar Shaddaa estaba ahora mismo al otro lado del planeta, pero unos minutos a velocidad de crucero y tendría una trayectoria directa a su casa.
Suspiró mientras consideraba cómo iba a explicar la situación a Barrga el Hutt. No había realmente nada que pudiera decir que hiciera más fácil. Entonces, un pensamiento revolucionario cruzó por su mente.
Nadie sabe que estoy aún con vida. Barrga el Hutt descubriría con el tiempo que había sido traicionada. Se enteraría de que el Vellocino Carmesí había estallado momentos después de despegar. Barrga asumiría, por supuesto, que Hylo había muerto.
El Vanguardia rodeó la órbita de Hutta y llegó a la vista de Nar Shaddaa. Hylo sabía que no podría evitar la luna durante el resto de su vida, pero regresar ahora no sería más fácil que regresar más tarde. Además, razonó, el Vanguardia todavía necesita su vuelo de prueba. Tomó una decisión.
La emoción de una nueva aventura le hizo cosquillas en la espalda. Había un viejo amigo a quien había prometido visitar en Ord Mantell. Al dar media vuelta al Vanguardia, vio un pequeño cometa plateado en la distancia. Decidió que era una buena señal.

4 comentarios:

  1. Hola, Javi-Wan. Soy Beleko, traductor de cómics de SW con el grupo Droid Factory, y suelo seguir tus novedades.

    Aparte de felicitarte por el trabajo que sueles realizar aquí, quería aprovechar y hacer una pequeña sugerencia: creo que en algunos casos facilitaría a la lectura si cada vez que pones una parte nueva de un relato la enlazas desde la anterior, y en la nueva enlazases quizás a la anterior y al principio del relato.

    ¡Un saludo!

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  2. Buena sugerencia, gracias, trataré de implementarlo en lo sucesivo.
    Y gracias por el apoyo!!

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  3. Hola, he leído varias de sus traducciones, y son muy buenas, por ello querría preguntarles una cosa:

    ¿Van a traducir The Old Republic Fatal Alliance y Deceived?

    Respondan pronto gracias.

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  4. No, me estoy centrando en traducir relatos cortos y e-books, de momento ni me planteo ponerme a traducir ninguna novela.
    Creo que estas novelas están en proceso de traducción en el grupo de Yahoo (mira mi sección de enlaces), y es incluso posible que entren en el nuevo plan editorial de Planeta DeAgostini-Timun Mas.
    Salvo que consiga antes el texto en inglés de "La Tribu Perdida de los Sith #9: Pandemonio", mi próximo trabajo de traducción será casi seguramente "Knight Errant: Influx"

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